Nuestro enfoque es integrador.
Eso significa que nos hemos formado en varias escuelas bebiendo de todas pero sin tomar ninguna en particular como referencia única y exclusiva.
Significa que usamos herramientas diferentes sean del enfoque que sean, lo que hace más rica nuestra intervención.
El tratamiento es individualizado. No seguimos ningún tipo de protocolo. Para cada persona, una intervención basada en sus necesidades y características.
Trabajamos con pensamientos, emociones, conductas, sensaciones, recuerdos, trauma…
Evaluación
Es el primer paso de la terapia y consiste en explorar la historia personal de cada paciente y el origen del problema así como los factores que lo están manteniendo. Es una parte básica para conseguir un tratamiento que se adecúe a las necesidades individuales de cada unx.
Es por eso de suma importancia la participación del paciente pues la información que nos facilite nos ayudará a establecer unos objetivos apropiados y favorecerá el establecimiento de una intervención eficaz.
Una vez realizada la evaluación, explicamos la información más relevante obtenida durante este proceso para establecer posteriormente los objetivos que guiarán el proceso de intervención.
Intervención
En esta fase se tratará de instaurar nuevas estrategias o recursos que permitan hacer frente al problema para conseguir así los objetivos propuestos. Es fundamental el papel activo por parte del paciente así como su esfuerzo y compromiso, puesto que de ello dependerá la consecución de objetivos. Es en estas sesiones donde se pueden pedir actividades y ejercicios, lo que llamamos «tareas», con la finalidad de generalizar y automatizar los aprendizajes adquiridos en consulta.
Seguimiento
Una vez consideramos que los objetivos se van cumpliendo y que el paciente se encuentra mejor, comenzamos a espaciar las sesiones progresivamente manteniéndolas el tiempo justo para evitar una recaída.